Encontrar el camino no siempre es fácil. El nuestro empezó
en un puente sobre el río Miño, en plena Ribeira Sacra, inquietos, inseguros y atentos a los
francotiradores (estos también existen en fotografía). Pero una vez alcanzada
la otra orilla, lo que vino después, fue beber (perdón, coser) y cantar.
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